Tras una serie de breves e inexplicables visitas a la Tierra, los alienígenas prosiguen su viaje sin mostrar el más mínimo interés por la humanidad: no se comunican, no invaden, no destruyen.
Los extraterrestres simplemente pasan un rato y se marchan sin más, como excursionistas descuidados, dejando tras de sí un rastro de objetos incomprensibles y peligrosos.
Los lugares donde aterrizan se convierten en epicentros de fenómenos extraños, sellados por gobiernos y codiciados por científicos, militares y contrabandistas.