Jennifer recordó la expresión en el rostro de Julien cuando le dijo que no podrÃa asistir a su recital de guitarra. HabÃa odiado tener que decirle, otra vez, que no podrÃa llegar; odiada decir "Mama no puede ir, Mama tiene que trabajar, Mama quisiera hacerlo, pero no puede". Comenzó a escribir un correo: "En alguna parte hay una mujer que se despertó esta mañana antes que sus hijos, practico ashtanga yoga parada de cabeza y sudando a mares, se bañó y se rasuró las piernas, preparó panques de calabaza sin gluten para darle la bienvenida al otoño, llevo a sus hijos a la escuela a tiempo y llego al trabajo puntual. Yo por otra parte, desperté en el sofá-cama con una botella vacÃa de vino blanco tirada, les di a mis hijos barritas de cereal en el metro como desayuno y llegué tan tarde a trabajar que casi pierdo una reunión que ni quisiera sabia que tendrÃa." Como todas (casadas, solteras o sin hijos), Jennifer darÃa lo que fuera por la capacidad de estar en dos sitios al mismo tiempo. Qué maravilla: poder dormir a gusto, llegar temprano a todos lados, mantenerse fresca el dÃa entero. Hasta que un dÃa aparece en su teléfono una app que le permite justo eso: estar en dos sitios al mismo tiempo. Ahora, Jennifer cree que tiene la solución para su atiborrada agenda. Pero pronto aprenderá que ningún milagro es gratis, y que hay que tener mucho cuidado con lo que deseamos.